INTERPORC y el jamón que vemos cada día

Cuando pensamos en jamón, normalmente vemos un bocadillo, una tapa en el bar o un plato en casa. Detrás de esas lonchas hay todo un sector que casi nunca se ve. Ahí es donde aparece INTERPORC, la Organización Interprofesional del Porcino de Capa Blanca: gente del campo, de las industrias, del comercio y de la exportación sentados en la misma mesa para que el jamón que consumimos a diario sea seguro, de calidad y llegue a todas partes.

El jamón de capa blanca es, en realidad, el jamón más cotidiano. Es el que suele estar en el táper del trabajo, en el desayuno de hotel, en las bandejas del súper o en el bocata del recreo. Procede de cerdos de razas blancas y se caracteriza por un sabor suave y muy constante, con un proceso de curación controlado al milímetro. Que ese proceso salga bien no es cuestión de suerte: detrás hay normas comunes, controles, formación y mucha coordinación entre empresas, algo que INTERPORC impulsa desde hace años.

También hay un trabajo importante de explicación. Durante mucho tiempo se ha hablado del jamón solo como un capricho o como “un embutido más”, y la realidad es un poco más matizada. Consumido con moderación y dentro de una dieta equilibrada, el jamón aporta proteínas, vitaminas del grupo B y minerales como el hierro, y una parte de su grasa es ácido oleico, el mismo tipo de grasa que encontramos en el aceite de oliva. Por eso INTERPORC participa en charlas, campañas y acciones informativas para que el consumidor pueda decidir con datos, no solo con tópicos.

Al mismo tiempo, el jamón de capa blanca se ha convertido en una tarjeta de presentación de nuestra gastronomía fuera de España. Se sirve en restaurantes, hoteles y tiendas especializadas de medio mundo, y cada vez más gente lo asocia con la dieta mediterránea y con un estilo de vida cuidado pero cercano. INTERPORC trabaja con el sector para abrir y consolidar esos mercados, pero también para que el crecimiento vaya de la mano de la sostenibilidad, el bienestar animal y el mantenimiento de la actividad en zonas rurales.

En definitiva, mientras nosotros disfrutamos de un simple bocadillo, INTERPORC ayuda a que todo lo que hay detrás de ese gesto —granjas, secaderos, familias, empleo y tradición— funcione de forma responsable y con futuro. Y eso, aunque no se vea en el plato, también forma parte del sabor del jamón.

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